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El tejo, un patrimonio cultural de mechas y embocinadas

13/12/20185:52 pm
RED+ NoticiasBogotáColombiaRed+


RED+ Noticias se sumergió en el mundo del tejo, a propósito de la ley aprobada por el Congreso, que declaró a este deporte como patrimonio cultural de los colombianos. Visitamos un tradicional campo para conocer más a fondo de este juego, con cerveza en mano y música de despecho de fondo.

  • El tejo es como la vida: se gana, se pierde, nunca se empata y todo se arregla al calor de una buenas polas.

La dinámica del juego la tiene clara José Agustín Garzón, múltiple campeón de turmequé, y ‘viejo zorro’ en eso de hacer bocines.

  • La matemática del deporte es simple; los rivales acuerdan la jugarreta, lo más práctico es a manos de un punto, es decir el que ponga el tejo más cerca del bocín, se le da tres puntos al que reviente la mecha, seis al que embocine y nueve al que haga moñona, es decir que embocine y estalle la mecha, simultáneamente.

El tejo es la misma pasión que congregaba a Jorge Eliécer Gaitán en la cancha número cinco del legendario Campo Villamil, otros que probaron puntería allí fueron Carlos Lleras y Julio César Turbay, pero el único que supo definir el alma del sitio fue Alfonso López, quien en medio de una contienda aseguró que  los políticos buscaban los votos en la cancha Villamil, pero celebraban las victorias en los clubes.

  • El tejo une a las familias y les saca los colores y las carcajadas a los extranjeros.

No es una cuestión de licor, aunque es evidente que con cada tiro llega una nueva fría, el tejo va más allá, es un ritual donde se embarran las manos, la mirada se pierde y  los jugadores son en realidad malabaristas de la nostalgia.

  • En este mundo domina la música del ayer… a ritmo de tejo y bocines también se olvidan las penas y se revienta la vida.

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