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De Primera | Rinus Michels, el mejor entrenador de todos los tiempos

20/03/201910:34 am
Gabriel Romero, RED+ NoticiasBogotáDeportesRed+
Rinus Michels entrenador tiempos

Rinus Michels, técnico campeón de la súper Holanda, campeona de la Eurocopa en 1988. / Foto archivo

Tengo el recuerdo ahí. Fijo en mi mente. Argentina-Holanda en 1974. Yo, en la desesperación de mi adolescencia. Aquel día, los argentinos, en medio de sus cábalas, salieron peluqueados. Tan corto el pelo que se hizo notorio. Luego no volvimos a saber de ellos.

Fue cuando descubrimos a Holanda. Fue la primera vez que sentí un gran estrés de ver fútbol. Era aterrador ver tan pequeños a los argentinos. Se veían como niños frente a sus rivales. Tomaban el balón y sus rivales naranja corrían como perros de presa y los despojaban de la pelota en segundos y luego corrían llenando espacios, tocaban rápido, cambiaban de frente, eludían adversarios y todo aquello ocurría bajo la sabia conducción de Johan Cruyff con su célebre número 14.

Qué pequeños se veían Carnevali, que recibió cuatro goles, Perfumo, Pancho Sa, Wolff (ese espléndido comentarista de ESPN), la ‘Oveja’ Telch, el ‘Ratón’ Ayala, el ‘Loco’ Houseman. Les pasaron por encima todo el tiempo. Una completa invasión.

  • Pero afuera, en el banco holandés, estaba el hombre de la idea. Rinus Michels, creador del fútbol total. Todos atacan, todos defienden. Hasta antes de él, el fútbol era un juego estático. Cada uno en su posición. El defensa era defensa. El medio era medio y si era derecho jugaba por la derecha. Adelante era igual. Su usted era delantero y no tenía la pelota, solo trabajaba cuando la recibía o cuando el balón estaba cerca de usted. Pero, ¿presionar al defensa hasta despojarlo de la pelota o hacer que se equivocara? No, eso no. Y con Michels ocurrió toda esta revolución. Movimiento, permanente movimiento. Todos dispuestos a ayudar o a crear. Todos buscando espacios. El fin no es un solo jugador. Si bien Cruyff era el más brillante, el fin era el equipo, el conjunto. Esa ‘Naranja Mecánica’, que tenía bien calculados sus movimientos.

El fútbol, desde ahí, dejó de ser simplemente un juego. Se convirtió en el deber con balón. Lo que ocurrió con Michels fue una especie de industrialización del juego. No se puede perder tiempo. No se puede dejar pensar al rival. Hay que aprovechar cada espacio del campo. Hay que tener, en la mayor cantidad del tiempo posible, más jugadores nuestros alrededor del balón que el rival.

Fútbol total, señores. Eso fue lo que se inventó Michels, y desde ese tiempo no ha habido una revolución más importante en el fútbol. Todo lo de hoy deriva de Michels.

Guardando las proporciones, Michels equivale a Descartes cuando dijo. “Pienso, luego existo”. Revolución filosófica que nos hizo ver las cosas desde nuestro punto de vista. Ya lo importante no es el objeto, sino el sujeto. Lo que hizo Michels equivale a cuando Copérnico encontró que no era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra. Que el hombre no es el centro del universo. Lo que hizo Michels equivale a Joyce en la literatura, a la brillante ejecución del monólogo interior en su Ulises, tan intrincado y difícil de abordar.

  • Tuve el privilegio de que el primer mundial de fútbol que vi con plena conciencia de mis facultades mentales fue aquel del 74, de los tiempos de Michels. Tal vez el único mundial en que todos nos acordamos más del subcampeón que del dueño del título. Michels lo cambió todo. Por eso, Time en el 2007 lo declaró como el mejor entrenador de la historia. Y por eso, solo hace pocas horas, la revista France Football lo vuelve a elegir. Nada más justo. Nada más cierto.

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