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De Primera | El trabajo sucio y las defensas

14/05/201912:32 pm
Gabriel Romero, RED+ NoticiasBogotáDeportesRed+
De Primera | El trabajo sucio y las defensas

Gerard Piqué, el español, es un defensa connotado. Tiene buena salida y cierra bien. / Foto Reuters

Miro una y otra vez las razones de por qué en el fútbol de hoy se marcan tantos goles. El reglamento favorece a los más hábiles. Ya no se les puede golpear como antes. Había que ver la manera como marcaban a Pelé, a Maradona, a Platini, a los más talentosos en la cancha. Los balones son más livianos y viajan más rápido. El VAR ha contribuido a que se piten más penales. Ve más que el falible ojo de los árbitros.

  • Pero me parece que hay otra razón poderosa. Los zagueros no marcan como antes. Diría que muchos han perdido gran parte de su naturaleza. Menotti ha insistido en que un jugador de fútbol tiene obligaciones y posibilidades. La obligación de un defensa es evitar el gol del contrario, evitar que se genere una jugada peligrosa en contra. Su posibilidad es lanzarse al ataque, asistir en un gol o anotarlo. Pero es claro que lo primero es la obligación que tiene.

Sin embargo, el asunto parece haber cambiado. Se han puesto de moda las defensas de lo que hoy llaman “de buen pie” y de los que antes decíamos que eran “jugadores técnicos”. Me da la impresión que los defensas de hoy están más preocupados de salir limpio con el balón, de utilizarlo con buen criterio, más que de conseguirlo, de despojar al rival de la pelota, de incomodarlo.

En un mundo de confort como el de hoy, ya a cada vez menos les gusta o se comprometen a hacer el trabajo sucio. En defensa, el trabajo sucio consiste en respirarle en la nuca al adversario, en no darle un centímetro, en corretearlo, en no dejarlo pensar, en encimarlo. Pero, y recomiendo que hagan el ejercicio, observen el origen de muchos goles. Tres o dos zagueros y un delantero. Los atacantes, hoy más que nunca, no tienen posiciones fijas. Se mueven con libertad por todo el frente de ataque o bajan a la mitad cuando no les llega juego. Lo cierto es que en el ejemplo del que hablo, tres o dos zagueros y un delantero, es frecuente ver que ninguno de los defensas le hace marca individual. Con el cuento de que la marcación es en zona, nadie se responsabiliza en tomarlo, en respirarle en la nuca. Obsesionados con tener la pelota y salir jugando y que los elogien por su creatividad, se han olvidado del trabajo sucio. Y entonces, cuando vienen las dificultades, cuando un equipo los asedia, suelen resolver mal. Piqué, el español, es un defensa connotado. Tiene buena salida y cierra bien, pero la mayor parte de su juego se basa en tener el balón y generar el pase limpio para que Barcelona inicie su proceso ofensivo. Pero a la hora de encimar no es tan efectivo. Incluso perfilarse para observar mejor, para tener una visión periférica de lo que ocurre en su entorno, es algo en lo que falla con frecuencia. Lo mismo sucede con Mats Hummels, ese impecable defensa alemán.

Mats Hummels (derecha)

  • Pero, digo, no son solo ellos. La generalidad de los defensas de hoy se han ido por la línea del confort y han dejado de lado esa difícil tarea de atormentar rivales. Es que claro: produce más placer tener la pelota y utilizarla que ir detrás de ella todo el tiempo. Es decir, repito: a cada vez menos zagueros les gusta hacer el trabajo sucio, y por esa falta de sacrificio, uno observa, a veces aterrado, cómo se producen goles con una facilidad pasmosa.  Aún no entiendo cómo Cristiano Ronaldo llega tan solo a zona de gol. Es diferente cuando le lanzan un centro y en medio de dos defensas espigadas les gana el salto. Ahí es virtud de Ronaldo. Pero no son pocas las veces en que entre un mayor número de zagueros el portugués anota con demasiadas libertades.

Marcar es un arte, es la antítesis del gol, es una tarea ardua y desagradecida. El que marca no sale en las portadas de diarios ni revistas ni en los Chiringuitos que se emiten en todos los lugares del planeta y, además, le pagan menos. En un fútbol tan depurado y exquisito, técnico y veloz, los férreos y abnegados zagueros, los llamados en otros tiempos “marcadores cansones”, han venido desapareciendo. Tal vez es la principal razón de que hoy veamos tantos goles y tantos errores inverosímiles.

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