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De Primera | Los Panenkas de hoy, de la celebridad al ridículo

25/04/201910:32 am
Gabriel Romero, RED+ NoticiasBogotáDeportesRed+
De Primera Gabriel Romero

Bendrix Parra, quien después de su cobro, considerado el peor del mundo, fue echado del Independiente FBC. / Foto archivo

Cada vez más aparecen los geniales cobradores de penales. Se volvió moda que el cobrador haga piruetas, se incline hacia un lado o hacia otro, o tome muchos metros de impulso y antes de llegar al balón frene y lance un tirito para engañar al arquero. Lo hacen los consagrados, lo hacen los que todavía deben recorrer mucho camino para llegar a ser célebres, y hasta los que no tienen condiciones.

Hace menos de una semana, La Equidad, de Colombia, y el Independiente FBC, de Paraguay, definían la eliminatoria de la primera fase de la Copa Sudamericana por la vía de los penales.

  • La Equidad iba en ventaja en los cobros y el venezolano Bendrix Parra, del Independiente FBC, tenía la responsabilidad de igualar. El hombre tomó impulso con displicencia y dio la impresión de que trastabilló o se confundió en su objetivo de engañar al arquero Diego Novoa. Lo cierto es que el disparo fue tan débil que Novoa, sin mayores dificultades, detuvo el balón con el pecho.

Los paraguayos quedaron eliminados y el presidente del club terminó el contrato de Parra. No solo hubo derrota futbolística, sino que el club, que es de segunda división, perdió 200 mil dólares.

Parra quiso cobrar a lo Panenka, y la historia es la siguiente. Era el año 1976 y se jugaba la final de la Eurocopa. Tanda de penales, tras la prórroga. Alemania Federal (eran tiempos de Alemania dividida) enfrentaba a Checoslovaquia (aún no se había dividido en República Checa y Eslovaquia).

El cobrador se llamaba Antonín Panenka, de Checoslovaquia, que iba en ventaja en los cobros. Tenía enfrente a Sepp Maier, tal vez el  mejor arquero del mundo en ese tiempo. Alemania era el campeón mundial, tras haber vencido a la Holanda de Cruyff. Tenía toda la presión, y Panenka lo sabía. En su cabeza había rondado una y otra vez la imagen del cobro de un penal definitivo. Entonces, se le ocurrió la idea de que si tocaba el balón con suavidad hacia el centro, el arquero, en su afán por lanzarse a cualquiera de los dos lados, abandonaría la mitad. Panenka lo practicó una y otra vez. Y llegó aquel momento, esa final, Sepp Maier al frente, el título de Europa a menos de 10 metros de distancia.

Panenka tenía todo preparado. Tomó buen impulso. Inclusive se ubicó fuera del área. Arrancó con decisión y se perfiló de tal forma que hizo creer a Maier que lanzaría el balón a su lado izquierdo. El arquero fue a ese lado, y Panenka, como lo había pensado desde hace mucho tiempo, tiró suave al centro, donde no había nadie. Gol, título y una forma inmortal de ejecutar penales, que hoy muchos siguen repitiendo.

  • Pero con el paso del tiempo se ha convertido en una fórmula repetitiva y, por lo mismo, se ha perdido la sorpresa y se ha caído en la irresponsabilidad por tratar de hacerse célebre. Pocos jugadores tienen la técnica para cobrar penales de esa manera. Hoy, los arqueros estudian más a sus rivales. Las definiciones por penales parecen ser más frecuentes, pero la pregunta que surge es: ¿Hasta dónde llega el ego del cobrador, que pasa por encima de las prioridades del equipo. ¿Debe un cobrador, en aras de parecer genial, exponer a su equipo y exponerse a sí mismo a caer en ridículo?

Los penales, en general, deben ser cobrados a un lado y con fuerza. Es preferible que quien dispara escoja el ángulo o el sitio con anterioridad y golpee fuerte la pelota. El problema de estos tiempos, en los que cada vez más hay ansiedad de ser célebres en las redes sociales o en los recuerdos de la fama, es que se han multiplicado los irresponsables Panenkas, Panenkas que pasan del anonimato al ridículo.

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