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De Primera | Modric y la cultura del fútbol de hoy

04/12/20189:31 am
Gabriel Romero, RED+ NoticiasBogotáDeportesRed+
De Primera | Modric y la cultura del fútbol de hoy

Ganó Modric el Balón de Oro. Triunfo de un obrero del fútbol. / Foto Reuters

Ganó Modric el Balón de Oro. Triunfo de un obrero del fútbol. Tal vez ganó en contra de los deseos de los dueños del marketing, que hubiesen preferido a Cristiano o al francés Griezmann o al jovencito Mbappé.

  • Pero este premio me lleva más allá. Hace unos días leí un texto del filósofo polaco Zygmunt Bauman. Se refería a la cultura líquida de hoy. Antes, decía, todo era sólido, más estable. El deber era un valor importante. Hoy, nada dura. Nos consume el consumo. La moda dicta el camino. Las relaciones amorosas cambian más rápido.

Y el fútbol, reflejo de la cultura, no es ajeno al fenómeno. Fútbol líquido, de equipos con piezas modificables. Fútbol líquido en el que las tradiciones dan paso a la velocidad de las contrataciones. Fútbol en el que los medios, en su búsqueda desbordada de ventas, imaginan ídolos, los elevan hasta alturas descomunales y luego los dejan descender en caída libre para ser reemplazados por otros. Adiós a los equipos estables en la mayoría de los casos. La venta, el mercado, es lo que predomina.

  • Cultura líquida que consiste en ofertas. Que se ocupa de ofrecer tentaciones, dice Bauman. Cultura que establece atracciones con seducción y señuelos. Aquí se implantan nuevos deseos y necesidades y el deber pasa a un segundo plano.

Fútbol de la moda. Pero la moda no es. No existe. Cambia, está en constante devenir. Se trata de una gran tienda en la que sus estantes, con bienes deseables, cambian a diario, por la atención fugaz de los potenciales clientes.

  • Modric obtuvo el premio, pero pudo ser Ronaldo o Griezmann. Los mismos Messi y Cristiano, en medio de su dominio de diez años, también hacen parte de esa cultura líquida, en la que sus clubes cambiaron piezas para rodearlos de la mejor forma. Pero ellos, por lo menos en los mundiales, no resultaron tan sólidos como esperaban sus seguidores. Apenas convirtieron goles en octavos de final. Fue la máxima altura que alcanzaron.

Lo que ocurre hoy, más que nunca, es un frenético mercado de jugadores, poderosas fuerzas de globalización y la nítida influencia de los migrantes. Todo a unas velocidades descomunales, en medio de más partidos, de más torneos, de más ventas de camisetas, de más televisión paga. Tren que avanza a gran velocidad. No conocemos el destino final. Apenas sabemos de las fugaces estaciones en que se detiene y luego prende motores y sigue su incontenible y obstinada marcha.

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