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De Primera | Seki, el mejor extranjero que vi

08/01/201912:42 pm
Gabriel Romero, RED+ NoticiasBogotáDeportesRed+
De Primera | Seki, el mejor extranjero que vi

Dragoslav Sekularac llegó a Colombia proveniente de Estrella Roja de Belgrado. / Foto Facebook Dragoslav Sekularac

Lo veo de rojo. Con la pantaloneta apretada, sus gruesos muslos. Me daba la impresión de que tenía el tronco largo y era corto de piernas. Era tranquilo y a veces parecía displicente. Jugaba con desenfado. No como si fuera un rígido profesional, sino un mago, que ideaba un truco nuevo en cada jugada.

Dragoslav Sekularac venía del Estrella Roja. Había sido elegido el mejor jugador del Mundial de Chile en el 62, y el hombre que lo trajo a Colombia fue el técnico yugoslavo Toza Veselinovic, que cuando terminaba los partidos se enfundaba en su gabardina, movía de vez en cuando su paraguas de madera fina y tomaba un taxi para ir a casa.

  • Con el tiempo, Sekularac se convirtió en Seki. Imaginativo, brillante, pícaro. Cuando conducía la pelota ponía el dorso de su mano derecha en la cintura y abría los dedos. Era una especie de sello que tenía y se hizo tan notorio que los jugadores aficionados bogotanos que eran estrellas o se creían estrellas acogieron esa pose. No había cancha en la fría Bogotá de esos tiempos en que no viéramos como mínimo un Seki.

Casi no había manera de despojarlo de la pelota. La protegía con maestría y fuerza. Atraía contrarios y cuando ya era inminente que le fuesen a quitar la pelota, se desprendía de ella con acierto. Pero la jugada que más me llamó la atención fue la siguiente: cuando alguien lo encimaba, interponía su cuerpo y cerraba todas las posibilidades de perder la pelota. Entonces, en medio de la rapidez de la acción, Seki dejaba el balón y comenzaba a correr hacia uno de los lados. Quien lo marcaba, ensimismado en su tarea de perseguirlo, terminaba imitando el movimiento de Seki, y el yugoslavo, que había diseñado la treta, regresaba, tomaba el balón y se desprendía de él en medio de las risas y el admirativo murmullo del público.

Seki tenía casi todo: enorme talento individual, visión periférica y juego de conjunto. Más de una vez lo vi con el arco a su disposición para anotar, pero prefería esperar al goleador del equipo para que él lo convirtiera.

Tal vez su mejor época en Colombia la tuvo en Santa Fe. Luego pasó a Millos, y aún recuerdo aquel año 71 en que Millos había preparado la fiesta de coronación de la décima estrella. Santa Fe jugaba en el Pascual Guerrero frente al Deportivo Cali. Millos lo hacía en Bogotá frente a Nacional. Con un triunfo era campeón. El empate le daba el subtítulo. El favoritismo azul era amplio y se daba por descontada la derrota roja en Cali, pero aquella noche Hernando Piñeros, desde cerca de unos 40 metros, pateó y silenció el estadio. Aún tengo en la mente, en los diarios del día siguiente, la inútil búsqueda del empate azul y a Seki con el rostro inquieto e impotente por el paso inexorable de los minutos.

Una tarde vino a Bogotá el Santos de Pelé. Juego amistoso de pretemporada. Aquel día Pelé estuvo bien custodiado y a quien vimos fue a Sekularac, con su desenfado, con su manejo de balón, con el dorso de su mano derecha en la cintura, con su picardía.

  • Seki fue un transgresor. Era difícil que se equivocara o perdiera un balón. Seki era un prestidigitador, un iluminado de los dioses, un hombre de vida disipada fuera de las canchas. Fue, tal vez, el mejor jugador extranjero que vi en Colombia. No veo manera de que llegue uno igual, a menos de que traigan a Messi.

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