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¡El gran Cadavid!

08/02/20181:00 pm
Gabriel Romero, RED+ NoticiasBogotáOpiniónRed+

Andrés Cadavid ha levantado los títulos de Liga y Superliga como capitán de Millonarios. / Foto web Millonarios.

Estábamos en junio de 2017. Millonarios enfrentaba a Nacional en Medellín. Ese día los azules habían resistido con entereza el poderío de Nacional. Cadavid había sido uno de los héroes. El juego, que estaba 0-0, casi expiraba y parecía seguro que se irían a penales. (Lea también: Miguel, recupérate pronto: Hugo Gottardi). 

Pero todo cambió en un segundo. Dayro Moreno se libró de la férrea marca de los zagueros azules y anotó el gol del triunfo. No hubo tiempo de reaccionar y los azules se marcharon de la cancha cabizbajos, rumiando la derrota. Millos había perdido una nueva oportunidad de disputar la final del fútbol colombiano.

Aquella noche emergió Cadavid. En medio de su tristeza, no pudo ocultar las lágrimas. “Muy amargo; es que habíamos jugado bien y al final se nos escapa. Jueputa, ¡qué puedo decir¡ Impotencia. ¡Puta!”. Tal vez, Cadavid recordaba aquella apoteósica despedida de los hinchas azules, que se tomaron la calle 26 y llegaron hasta el aeropuerto El Dorado, acompañando el bus del equipo y sentía que los había decepcionado.

Estábamos ante un jugador distinto. Entregado a la camiseta y no hecho para ganar dinero, tomarse fotografías y andar con mujeres sensuales y voluptuosas. En esas lágrimas, Cadavid dibujó su compromiso con la historia de Millos y con sus atribulados hinchas que han soportado años de frustraciones.

Devolvámonos un poco en el tiempo. Un día se marchó el zaguero central Franco, que cuando dejó el equipo exhibía un gran nivel y apareció Cadavid. No lo recibieron nada bien. Recordaban los hinchas que Cadavid había lesionado gravemente al mediocampista uruguayo José Luis Tancredi, cuando Millos enfrentó a América de Cali. Y no fueron pocos en la tribuna los que lo resistieron, los que lo llenaron de reproches, los que exigían ver en él una reproducción de las cualidades de Franco y recordaban con rencor el caso Tancredi. Le daba duro la prensa. Le daban duro los hinchas, y Cadavid, en su silenciosa labor, seguía aprendiendo y tomando forma.

No era la primera vez que estaba rodeado de dificultades. Contaba el diario El Espectador, en un perfil que le hizo hace unos meses, que en tiempos en que jugaba en el Huila, vivía en el barrio Caney de Neiva, en la casa de una conocida de su papá. En las mañanas entrenaba con el equipo y en las tardes pitaba partidos, hacía mandados, cargaba los mercados a los vecinos. “Mi padre me daba para el hospedaje y ya. El resto tenía que levantarlo. Me tocaba vivir con 2.500 pesos diarios”, contaba Cadavid. Compraba una libra de arroz, dos huevos y un sobre de jugo naranja. Pedía que le regalaran una jarra de agua y con eso tenía para el almuerzo y la comida. “Aguanté hambre, pero nunca dije nada”. En casa le enseñaron a sufrir en silencio, a padecer por dentro, a no quejarse y a entender que luchar era un verbo cotidiano y necesario para llegar al éxito.

Pasó el tiempo en Millos y entonces, los pitos de la tribuna se desdibujaron y la crítica de la prensa cambió de rumbo. Cadavid se hizo capitán. Trabajo, liderazgo, entrega, dejarlo todo en el campo. Jugar al fútbol como lo hacían los de antes, que vivían orgullosos de su camiseta.

Cadavid insufló esa idea a sus compañeros. Y lo que la institución como tal vio en Cadavid fue capitalizado por sus dirigentes. Millonarios ha vuelto a su cauce. Ha dejado de ser un equipo de mercenarios que cobraban altas cantidades y no les interesaba si había un título o si se desvelaban sus hinchas. Igual, pensaban, había otro equipo a la vuelta de la esquina. (Lea también: Millonarios ganó el título que le faltaba en Colombia, la Superliga). 

Y resulta que llegó Russo, de esa escuela austera y trabajadora de Estudiantes de la Plata. He oído a algunos críticos que expresan abiertamente su desacuerdo con el estilo de juego. Quieren toque, florituras. Están errados. Este Millonarios lo deja todo en el campo. Como si cada partido fuera una final. Es idea de Russo, es idea de los directivos, que lo sostuvieron cuando los resultados parecían adversos, es idea de Cadavid y el puñado de jovencitos que han entendido que el trabajo y la entrega son el mejor pasaporte a los títulos y al gran salto personal que cada uno de ellos quiere dar.

Las lágrimas han vuelto a Cadavid frente al mismo Nacional. Pero en solo ocho meses los motivos han sido muy distintos. Ahí está el gran Cadavid, capitán, líder, superior a las dificultades. Nos ha vencido a los que no creímos en él. El fútbol tiene tantas caras, que los que tratamos de ahondar en él, cada vez sabemos menos.

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