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La mala hora de Zidane

15/01/20181:32 pm
RED+ Noticias, Gabriel RomeroBogotáOpiniónRed+

La Liga de Campeones sería la tabla de salvación para Zidane. / Foto Reuters.

Ser entrenador del Real Madrid no es nada envidiable. Hace solo unos días, solo unos días, Zidane gozaba de las mieles del triunfo. En la final del Mundial de Clubes venció caminando a Gremio. Fue, prácticamente, un entrenamiento. (Vea también: El clásico en 7 palabras). 

De manera que todo parecía ir viento en popa. Pero tuvieron que transcurrir apenas unos días para que el panorama se oscureciera. Zidane, que ha ganado dos Champions seguidas y que asombraba con sus excelentes resultados y el fútbol vistoso y sólido del Real Madrid, está a punto de perder su silla. No importa lo alcanzado. El dirigente y el hincha madridista no tienen memoria. Solo quieren triunfos. Al que gana se le da una palmada y se le elogia, pero una vez empiece a perder, se le olvida. No hay memoria para ir al pasado. O triunfa o triunfa.

En esas está Zidane, que es apenas un entrenador. No es seleccionador, pues no ha dirigido equipo de país alguno. Y no es técnico. Digo técnico en el amplio sentido de la palabra. Técnico como estratega. Como diseñador de un estilo. No es Guardiola. No es Mourinho. No es Heynckes. ¿Juega Real a lo que quiere Zidane? No, desde luego.

El Real juega a lo que quieren sus estrellas. ¿Les va un técnico a los mejores jugadores del mundo a decir cómo pararse en la cancha y cómo jugar? Mourinho vivió esa experiencia. Quiso ser más protagonista que las luminarias del Real y terminó sin un título de Champions, despreciado y de patitas en la calle. (Lea también: Tragedia del Chapecoense). 

Zidane llegó y se acomodó a las estrellas, pero cometió un grave error, que algún día el gran Del Bosque se lo hizo notar. Se la jugó por unos pocos y a los que no fueron titulares los matriculó en el banco. Entonces ocurrió que el Real se fue quedando sin recambio, y casi siempre los mismos tuvieron que afrontar liga española, Copa del Rey, Champions, Mundial de Clubes y partidos de exhibición.

Una ironía. Uno de los equipos más ricos del mundo, corto de nómina. ¿Y qué vemos hoy? Jugadores con las manos en la cintura en pleno partido. Agotados. No son máquinas. Pero Zidane, que es apenas un entrenador, no tuvo luces para más y ve, partido tras partido, cómo el Titanic se hunde en la liga y cómo el PSG se frota las manos y desea más que nunca que llegue la hora de enfrentar a este débil Real en la Champions.

El partido con el PSG podrá ser la tabla de salvación para Zidane, el punto de quiebre. Si pasa, seguirá con vida, pero condicionado a que no siga perdiendo terreno en la liga. Si queda eliminado, se irá irremediablemente. Pero no se irá un seleccionador o un técnico. Se irá un entrenador, sabio cuando la marea y el clima son propicios, pero con demasiados vacíos cuando sorprende más de un temporal. (Lea también: Gabriel Romero habló de la poca efectividad de Nacional). 

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