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El mejor del mundo

24/10/20172:29 pm
Gabriel Romero, RED+ NoticiasBogotáOpiniónRed+
Cristiano Ronaldo ganó por segundo año el premio 'The Best'.

Cristiano Ronaldo ganó por segundo año el premio 'The Best'.

La Fifa premió a los mejores jugadores de 2017 y, como era previsible, Ronaldo fue el elegido. Segundo título consecutivo para el portugués y el quinto en su carrera. ¿Es de verdad el mejor?

Si lo miramos desde el punto de vista cuantitativo, no hay dudas. Ganó la Liga de Campeones con goles claves. Primero, contra Bayern, de local y de visitante, y en la final frente a Juventus, convirtió dos de los cuatro goles de Real. Ronaldo en el área es letal. Goleador nato. Lleva más de 100 goles en la Liga de Campeones. Según el portal Goal, ha convertido en total 609 anotaciones, en 842 partidos, para un promedio de 0,72 por ciento.

Ronaldo no es generador de juego. Los equipos están diseñados para explotar su poder goleador. En el frente de ataque, Ronaldo es inmejorable. Certero en el cabezazo, intuitivo en el desmarque, definidor ambidextro. Todo el sistema juega para él, pero si el balón no llega, se pierde y deambulará como uno más. La única posibilidad de creación suya puede nacer de un contragolpe. En un partido cerrado, con marcajes celosos o con mucha gente en la mitad y poco espacio, Ronaldo puede pasar inadvertido. No es creador. Depende de Isco, Kross o Modric o de Marcelo o Carvajal.

Messi tiene un radio mayor de influencia que Ronaldo. Si Ronaldo se mueve bien en el frente de ataque, Messi genera juego desde la propia mitad del campo y por cualquiera de los sectores. Es creador y goleador. Es mediocampista y delantero. Messi, sin jugar todo el tiempo en el frente de ataque, ha convertido, según el portal Goal, 586 goles en 719 juegos, para un promedio de 0,80 por ciento.

El argentino, a diferencia de Ronaldo, es capaz de crear para su equipo. No necesita del sistema. Él mismo es el sistema. Si nadie responde, Messi se las ingenia para tomar la pelota, eludir rivales, arrastrar marcas, meter un pase de gol y anotar si es preciso.

El radio de influencia de Messi es mayor. En la selección Argentina, por estos días, le acompañan un puñado de jugadores planos, sin mayor ingenio, limitados con el balón, y pese a ello, él resuelve. Tiene la capacidad de ganar un partido echándose el equipo al hombro.

Los grandes jugadores de la historia lo han sido por su mayor influencia en el terreno. Pelé, Maradona, Cruyff, Platiní, Zico, Zidane y Ronaldinho arrancaban desde la mitad e inclusive de más atrás y hacían suyo el terreno de juego. Ellos, con su ingenio, imponían las condiciones. Tiraban una gambeta, imaginaban la mejor pared, lanzaban el más preciso de los pases. Jamás dependieron de los demás. Eran el centro del sistema solar de cada equipo. Lo mismo sucede con Messi.

No hay en el mundo ninguno de su estirpe. Neymar es un gran delantero de dribling endiablado, lo mismo que Mbappé. Ya el mundo no produce grandes jugadores. Ahora los grandes, ya lo he dicho, son los sistemas, la velocidad. No hay tiempo de tener la pelota y crear. Messi parece una especie en vía de extinción. No sé si vaya a salir uno igual. El mundo del fútbol, cada vez más urbano, se ha alejado del potrero, de las calles en lugares deprimidos donde se le da rienda suelta a la inventiva.

No creo que el mundo produzca un nuevo Messi. Entramos en la era de las especializaciones. Grandes delanteros, grandes volantes, grandes defensas, todos corriendo, todos desprendiéndose del balón en segundos.

Le han dado el premio a Ronaldo este año. Y por las cifras nadie discute. Pero cuando pase el tiempo, cuando dejemos de lado la inmediatez, miraremos hacia atrás y, con más calma, podremos tener un juicio con una mirada más profunda y crítica, y es muy posible que lleguemos a la conclusión de que Messi, en esta competencia comercial que se ha armado, estaba fuera de concurso.

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