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Pesadilla de un embargo de la Dian

29/09/201710:50 am
Gabriel RomeroBogotáOpiniónRed+

Todo empezó hace un año. Llegó a mi celular un lacónico mensaje de texto. Decía que tenía una deuda con la Dian y luego me dieron un código. Me pareció extraño, pues, que supiera, tenía todo en regla.

En la siguiente comunicación pude hablar por teléfono con el que, creía yo, era un funcionario de la Dian. Le pregunté cuál era el supuesto monto de la deuda y me respondió que no sabía. Le pedí que me explicara exactamente en qué consistía el caso, pero tampoco me supo dar respuesta. Finalmente, me dijo que preguntara, vía mensaje de texto, cuál era mi caso.

Así lo hice y me dijeron que había unos intereses por concepto de IVA de 2012 que no se habían pagado. Solicité que me dieran una prueba de que lo que afirmaban era cierto. Entonces, me ofrecieron dos opciones: comunicarme por correo electrónico o una cita personal. Elegí la segunda, pero me advirtieron que obtener una cita me tomaría mucho tiempo. Insistí en el segundo camino y me dijeron que me informaban. Así perdí rastro de ellos.

Le comenté el caso al contador y me reafirmó que yo estaba al día y que esperara la cita. Él les demostraría que estaban equivocados. Pasaron los meses, y nada. Le volví a preguntar al contador y de nuevo me aconsejó que esperara la citación.

Yo tenía personas conocidas en la Dian. Una de ellas me dijo que no se habían pagado, en forma completa, unos intereses de IVA de 2012. Otra persona de la entidad me informó que no había nada en mi contra, pero que en caso de que supiera, me tendría al tanto.

Pasaron los meses y el tema se fue olvidando. De vez en cuando el contador me preguntaba qué había pasado y yo le decía que no habían vuelto a escribir.

Hace unos días fui a utilizar mi tarjeta débito, pero el cajero electrónico me informó que me comunicara con el banco. “Su cuenta está embargada”, me dijeron en el banco, y no dieron más detalles. Al tiempo que supe la noticia, me llegó una carta por escrito de la Dian en la que se me informaba de un “cobro persuasivo” por más de un millón 500 mil pesos sin incluir los intereses. La carta decía a cuál oficina debía dirigirme.

“La orden es embargar a todo el mundo”, me dijeron en la oficina de la Dian. Allí volvieron a decirme que la deuda se debía al no pago de intereses de IVA de 2012. Me explicaron también que en estos casos la Dian embarga todas las cuentas y toma el doble del monto que debe el contribuyente. Les dije que a mí me habían informado de una deuda, pero que jamás me habían especificado el asunto, ni me habían dado la cita correspondiente. Para mi sorpresa, me respondieron que todas las comunicaciones que me hicieron fueron a través de un call center.

¿Por qué la Dian no me informó adecuadamente en su primera comunicación? ¿Era, acaso, el propósito que transcurriera el tiempo y que corrieran los intereses? ¿Por qué en 2016 se me informa de una supuesta deuda de 2012? ¿Por qué la Dian, antes de llegar a la última instancia, no me envió comunicación, por escrito, advirtiendo lo que podía ocurrir? ¿La Dian ha procedido de la misma forma con los contribuyentes que busca embargar para asegurar un recaudo mayor en tiempos de déficit fiscal?

La pesadilla no termina. El 15 de septiembre, la Dian le informa al banco del embargo. De inmediato, el banco saca de mi cuenta el dinero que, supuestamente, le debo a la Dian, incluidos los intereses. Pero solo el 22 del mismo mes, el banco transfiere el dinero al Banco Agrario para que lo convierta en un título valor que llegue a la Dian.

El embargo duró cerca de 15 días y estoy a la espera de que la Dian atienda mi apelación y me devuelva el dinero. Solo hasta ahora empiezo a ser consciente de las consecuencias que ha desatado la cacería de brujas de la Dian, entidad que ha establecido una inquisición financiera en busca de culpables.

¿Qué opinas?