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“Mi obsesión era escapar e intenté muchas fugas”: Ingrid Betancourt

24/10/201811:10 am
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Ingrid Betancourt relató este miércoles su vivencia durante los 2.321 días (6 años, 4 meses y 9 días) que duró su cautiverio a manos de la Farc, ante la sala de Reconocimiento de Verdad de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), que recibirá las versiones de los años de secuestro del que fueron víctimas varios políticos hasta el próximo 8 de noviembre.

  • La excandidata a la presidencia de Colombia, como otros exsecuestrados, rompió en llanto cuando tuvo que narrar la muerte de su padre Gabriel, un dolor que ella aún no ha podido superar.

“Las Farc no asesinaron a mi padre pero si son responsables de su calvario y agonía. En el lecho de su muerte preguntaba ¿dónde está la niña?, y yo la selva… cuando me enteré que él había muerto, casi me enloquezco (llanto). No dormía porque cuando lo hacía soñaba con él en momentos siempre muy felices como niña, por eso acuso a las Farc de tortura psicológica en mí contra y de mi familia”.

Betancourt, quien reside en París (Francia), recuerda bien ese sábado 23 de febrero de 2002, cuando fue raptada por miembros de la guerrilla.

“La separación de mis hijos fue lo más duro de esos años de secuestro y por eso mi obsesión para sobrevivir era escapar e intenté muchas fugas. Después de que traté de hacerlo y me recapturaron, me hicieron arrodillar, me pegaron y dispararon como si me fueran a ejecutar”.

  • Con 56 años de edad, Ingrid afirmó que después de tantos años ha tratado perdonar, pero hay cosas con las cuales jamás podré reconciliarse.

“Mis compañeros pedían orinar y les daban permiso de salir (…) a mí me decía haga ahí, delante de todos, encima de sus compañeros… hacia que me pasaran un tarro para que yo hiciera ahí, encima de ellos… Irse a bañar en el caño, infestado de pirañas, cuando uno tenía el periodo”.

Entre otros vejámenes, la exsenadora colombiana relató que estar secuestrado es muy complejo y doloroso.

“Estaba haciendo la fila para que me dieran mi ración, y el guardia botó la comida al piso y me dice “ya no queda nada” y además escupe. Otras veces, traían la olla, como todos los compañeros, con hambre, y la comida que llegaba estaba podrida; una cabeza de cerdo lleno de moscas y gusanos”.

  • Betancourt recuerda que estuvieron encadenados en un árbol durante muchos años, encadenada de cabeza a pies y que había oportunidades en la que la apretaban tanto que no podía pasar saliva.

“Me acuerdo pidiéndole al guardia que me soltara para ir un segundo detrás de un árbol para hacer del cuerpo y me contestó: “usted lo que tiene que hacer perra, lo hace delante de mí”.

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